NÍGÀTÍ ÀTI YAN MI, MO YAN ARÁ MI.
Después de que fui iniciado, me inicié a mí mismo.
Algunos veneradores de los Òrìsà tienen la noción errónea de que coronando Santo eliminarán todos los problemas de su vida, que eso les dará el poder de trascender las dificultades y los hará inmunes a la tragedia. Todas estas nociones son inexactas.
El propósito de la iniciación es dar a la persona una conciencia más profunda del ser y del Mundo. Esta conciencia se vuelve el cimiento para un proceso de solución de problemas que está basado en una visión completizadora de la interacción personal y ambiental. La iniciación en Osha e Ifá establece una manera de ver, una manera de oír y una manera de ser. No remueve "mágicamente" las dificultades de la vida del iniciado.
El único modo en que el poder de la iniciación es sostenido es que el iniciado reafirme los principios de los Òrìsà tal como son experimentados durante el ritual de pasaje o coronación que da nacimiento a los sacerdotes y sacerdotisas de los Òrìsà. Este es y siempre será un proceso de trascender limitaciones. Cada nueva revelación, cada nueva comprensión, cada nueva experiencia o ceremonia lleva consigo potencial para la iluminación. Cada vez que expandimos nuestra conciencia, el viejo ser debe morir y volver a nacer en una nueva profundidad de sabiduría. Dejar ir al viejo ser, dejar ir las viejas ideas, dejar ir las viejas maneras de ver, puede ser una tarea difícil y dolorosa. La experiencia de dejar ir, en el contexto de la iniciación, da al iniciado una experiencia simbólica de los cambios internos y externos que ocurren cada vez que expandimos nuestra conciencia.
Los que están buscando un fin a las dificultades, al conflicto y a los desafíos están buscando el final de la vida, no las bendiciones de la vida. En la cosmología de Ifá, todas las formas de la abundancia llegan como consecuencia de la transformación.
Ódàbò!
viernes, 14 de mayo de 2010
¿Comprar la religión o ser elegido por ella?
Las circunstancias políticas, sociales y económicas han demostrado tener un poder decisivo en la conducta moral de la sociedad, y es evidente que la religión no ha escapado de ello.
Siglos atrás, cuando el ser humano se veía obligado a sobrevivir en medio de una naturaleza hostil y generosa a la vez, nunca renunció a la unión, al colectivo, al mantenimiento de las sociedades y al respeto a sus categorías y reglas establecidas, las cuales constituían el eje estratégico de su supervivencia.
La evolución y desarrollo del hombre hasta nuestros días, y particularmente desde el comienzo de las diferencias marcadas por el emolumento, han derivado en el fomento de aspectos negativos, como son la avaricia, el egocentrismo y la envidia.
Aunque la moneda y el comercio no hayan surgido con ese objetivo, podemos ver que en la actualidad es obvio que se han roto, y cuanto menos transgredido, aquellas reglas establecidas por nuestros antepasados.
¿De qué manera ha afectado todo esto a la religión de Osha e Ifá?
Bien advertidos hemos estado, cuando Òrúnmìlà nos alertó a través del odù Òdí-Òyèkú que con el surgimiento del comercio también surgen las diferencias entre los seres humanos, y además en el odù Òshé Ìwòrì, donde Òrúnmìlà amonesta por la insensata actitud de sus adeptos al vender los secretos de Ifá, desvelando de esta forma el episodio sórdido de la iniciación inducida inescrupulosamente, con el objetivo de obtener beneficios económicos y violando el proceso natural propiciado por los Òrìsà y ancestros para la llegada del futuro iniciado a la misma, en muchos casos incluso sumidos por el desconocimiento, tanto por parte del que inicia como por parte del que va a ser iniciado. Así una vez más se abre un camino hacia un final caótico donde el único resultado visible ha de ser desamparo, decepción, frustración y desorientación para unos, mientras el oprobio y el desdoro para otros.
Todo esto ha dado como resultado el derrumbe de valores, sólo para dar paso a una acción exclusivamente lucrativa la cual no convence a nadie de que mantenga el equilibrio entre “acción y efecto” presentes en el día a día del ejercicio religioso, y sí por el contrario “terreno de cultivo” para la dispersión y la duda, que a su vez genera interrogantes precedidas de parciales e insuficientes respuestas.
¿A pesar de la contaminación de valores, nuestra religión continúa otorgando gracia y aprobación a aquellos sacerdotes que convierten las reglas de Osha e Ifá en principios deleznables?
¿El pago excepcional y sin el beneplácito de nuestros Òrìsà y ancestros otorga derecho alguno a aquellos que, muchas veces sin fe o cuando menos sin información, pretenden ser iniciados; o mérito alguno además a alcabaleros ocultos bajo el hábito religioso?
Meditemos al respecto y saquemos objetivas conclusiones que nos lleven a un mejor desempeño a nivel colectivo, y a la toma de conciencia con respecto a lo que se está tratando de convertir nuestra cultura, costumbre y religión: un medio de Mercantilismo y Comercio vulgar. Luchemos todos juntos y aportemos tanto de manera individual como fraternal, nuestros esfuerzos en aras de levantar el sucio, profano y vulgar velo con el que muchos falsos, orgullosos y vanidosos adeptos, pretenden cubrir u enmascarar nuestra creencia en Ifá y los Orishas.
Ogbó ató!
Siglos atrás, cuando el ser humano se veía obligado a sobrevivir en medio de una naturaleza hostil y generosa a la vez, nunca renunció a la unión, al colectivo, al mantenimiento de las sociedades y al respeto a sus categorías y reglas establecidas, las cuales constituían el eje estratégico de su supervivencia.
La evolución y desarrollo del hombre hasta nuestros días, y particularmente desde el comienzo de las diferencias marcadas por el emolumento, han derivado en el fomento de aspectos negativos, como son la avaricia, el egocentrismo y la envidia.
Aunque la moneda y el comercio no hayan surgido con ese objetivo, podemos ver que en la actualidad es obvio que se han roto, y cuanto menos transgredido, aquellas reglas establecidas por nuestros antepasados.
¿De qué manera ha afectado todo esto a la religión de Osha e Ifá?
Bien advertidos hemos estado, cuando Òrúnmìlà nos alertó a través del odù Òdí-Òyèkú que con el surgimiento del comercio también surgen las diferencias entre los seres humanos, y además en el odù Òshé Ìwòrì, donde Òrúnmìlà amonesta por la insensata actitud de sus adeptos al vender los secretos de Ifá, desvelando de esta forma el episodio sórdido de la iniciación inducida inescrupulosamente, con el objetivo de obtener beneficios económicos y violando el proceso natural propiciado por los Òrìsà y ancestros para la llegada del futuro iniciado a la misma, en muchos casos incluso sumidos por el desconocimiento, tanto por parte del que inicia como por parte del que va a ser iniciado. Así una vez más se abre un camino hacia un final caótico donde el único resultado visible ha de ser desamparo, decepción, frustración y desorientación para unos, mientras el oprobio y el desdoro para otros.
Todo esto ha dado como resultado el derrumbe de valores, sólo para dar paso a una acción exclusivamente lucrativa la cual no convence a nadie de que mantenga el equilibrio entre “acción y efecto” presentes en el día a día del ejercicio religioso, y sí por el contrario “terreno de cultivo” para la dispersión y la duda, que a su vez genera interrogantes precedidas de parciales e insuficientes respuestas.
¿A pesar de la contaminación de valores, nuestra religión continúa otorgando gracia y aprobación a aquellos sacerdotes que convierten las reglas de Osha e Ifá en principios deleznables?
¿El pago excepcional y sin el beneplácito de nuestros Òrìsà y ancestros otorga derecho alguno a aquellos que, muchas veces sin fe o cuando menos sin información, pretenden ser iniciados; o mérito alguno además a alcabaleros ocultos bajo el hábito religioso?
Meditemos al respecto y saquemos objetivas conclusiones que nos lleven a un mejor desempeño a nivel colectivo, y a la toma de conciencia con respecto a lo que se está tratando de convertir nuestra cultura, costumbre y religión: un medio de Mercantilismo y Comercio vulgar. Luchemos todos juntos y aportemos tanto de manera individual como fraternal, nuestros esfuerzos en aras de levantar el sucio, profano y vulgar velo con el que muchos falsos, orgullosos y vanidosos adeptos, pretenden cubrir u enmascarar nuestra creencia en Ifá y los Orishas.
Ogbó ató!
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